El hoy no es más que el recuerdo del ayer y el mañana, el sueño de hoy.

domingo, 11 de septiembre de 2011

IMPORTANCIA DE LO SIMBÓLICO: LA EXPERIENCIA VIVIDA Y SU RELACIÓN CON LO SACRAMENTAL


Roble americano 



En diversas partes del mundo se ha celebrado hoy distintos homenajes y actos simbólicos para conmemorar los trágicos acontecimientos ocurridos hace diez años en el corazón del imperio y que ha tenido consecuencias trascendentales para la humanidad.
Por otra parte, leyendo el blog de Miguel Ángel, "mi pequeño mundo" me recordó que tenía por mi casa el librito de Leonardo Boff: "los sacramentos de la vida" y he aprovechado para extraer un par de párrafos para destacar la importancia de lo simbólico en el ser humano.:
EL SACRAMENTO, JUEGO ENTRE EL HOMBRE, EL MUNDO Y DIOS

Fenomenólogos y antropólogos han descrito minuciosamente el juego del hombre con el mundo. Este se produce en tres niveles sucesivos. En un primer nivel, el hombre siente extrañamiento. Las cosas le producen admiración y hasta temor. Las estudia por todos los lados. Va sustituyendo sorpresas por certezas. El segundo nivel supone el término de este proceso y es la domesticación. El hombre consigue interpretar y de ese modo dominar lo que le causaba el extrañamiento. La ciencia se sitúa a este nivel: encuadra los fenómenos dentro de un sistema coherente con el objeto de domesticarlos. Finalmente el hombre -se habitúa a los objetos. Forman parte del paisaje humano. En el entretanto, ese juego ha modificado tanto al hombre como a los objetos. Estos ya no son meros objetos; se convierten en señales y símbolos del encuentro, del esfuerzo, de la conquista, de la interioridad humana. Los objetos domesticados  comienzan a hablar y a contar la historia del juego con el hombre. Se transfiguran en sacramentos. El mundo humano, aun el material y técnico, nunca es sólo material y técnico; es simbólico y cargado de sentido. Quien sabe esto perfectamente, son los conductores de masas a través de los medios de comunicación social. Lo que dirige a los hombres no son tanto las ideologías, sino los símbolos y mitos activados a partir del inconsciente colectivo. La propaganda comercial en la TV presenta el cigarrillo LS. Quien fume de esa marca tendrá parte entre los «dioses»: hombres bellos, ricos, en mansiones maravillosas, con mujeres deslumbrantes, extasiados en el amor, con todos los conflictos solucionados. Toda esa escenificación es ritual y simbólica. Son Los sacramentos profanos y profanizadores que intentan evocar la participación en una realidad onírica y perfecta y dar la sensación de haber transcendido ya este mundo conflictivo y difícil.
...
El hombre posee esta cualidad extraordinaria: la de poder hacer de un objeto un símbolo y de una acción un rito.
LA NARRATIVA: EL LENGUAJE DEL SACRAMENTO.

Si el sacramento profano o sagrado surge del juego del hombre con el mundo y con Dios, entonces la estructura de su lenguaje no es argumentativa sino narrativa. No argumenta, ni quiere persuadir. Quiere celebrar y narrar la historia del encuentro del hombre con los objetos, las situaciones y los otros hombres, por los que fue provocado a transcender y que le evocaron una realidad superior, que se hizo presente gracias a ellos, convocándolo al encuentro sacramental con Dios.
El lenguaje de la religión y del sacramento casi nunca es descriptivo; es principalmente evocativo. Un ejemplo: me hallo ante una montaña. Puedo describir la montaña, su historia milenaria, su composición físico-química. Con ello estoy haciendo el científico. Pero más allá de esa dimensión verdadera existe otra. La montaña me evoca la grandeza, la majestad, lo imponente, la solidez, la eternidad. Evoca a Dios que fue llamado Roca. La roca está al servicio de la solidez, de lo imponente, de la majestad y de la grandeza; se hace sacramento de esos valores; los evoca. El lenguaje religioso se sitúa principalmente en este horizonte de evocación. El sacramento es, por esencia, evocación de un pasado y de un futuro, vividos en un presente.[1]


[1] Leonardo Boff. “Los Sacramentos de la vida”. Sal Terrae. Santander 91. Pág. 11-12. 14

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LA RELIGIÓN COMO UNA MATERIA CURRICULAR MÁS.

LA RELIGIÓN APORTA HONDURA, HUMANIDAD, SENTIDO

En éstas semanas  comenzamos a programar, cada uno desde su materia, lo que el profesorado asignado va a trabajar o desarrollar con su alumnado durante el curso.

¿Qué debería conocer, aprender, vivir, expresar, compartir, saber… un alumn@ para que sea competente en una materia concreta?, en mi caso, desde  el área de religión.

Según el artículo 6.1 de la LOE (Ley Orgánica de Educación) Las Competencias Básicas son aquellas que deben estar desarrolladas por el alumnado al terminar la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) con la finalidad de:

Ø  Lograr su realización personal

Ø  Ejercer la ciudadanía activa

Ø  Incorporarse a la vida adulta satisfactoriamente

Ø  Ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de su vida.

Estas competencias son ocho:

1.   En comunicación lingüística

2.   Matemática

3.   En el conocimiento y la interacción con el mundo físico

4.   Tratamiento de la información y competencia digital

5.   Social y ciudadana

6.   Cultural y artística

7.   Para aprender a aprender

8.   Autonomía e iniciativa personal

Con las áreas y materias del currículo se busca que el alumnado alcance los objetivos educativos y adquiera las Competencia Básicas.






¿En qué puede contribuir la materia de Religión para que éstos objetivos se cumplan?... La religión, a mi modo de ver, aporta hondura, humanidad, sentido… contribuye a mirar "hacia dentro" pero también "hacia los lados" y " hacia arriba".

En mi entorno,  desde los mismos claustros, nos enzarzamos discutiendo si clase de religión si o clase de religión no, muchas veces enfrentándonos unos con otros… Me pregunto sinceramente, ¿por qué la educación física, o tecnológica, o matemática, o plástica y visual, etc. es más importante que la formación espiritual, religiosa o humana, como queramos llamarla? … No sólo en nuestro entorno cercano, también en la sociedad surge ese conflicto con cierta frecuencia, véase por ejemplo, el siguiente enlace contra la clase de religión:


Si los adultos cuestionamos tanto que se pueda plantear explícita y racionalmente el sentido de la existencia; evitamos dar respuesta a cuestiones trascendentales y obviamos que valores propios de la persona no crecen por generación espontánea,  cómo vamos a pedir que los adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes busquen algo más que no sea vivir el momento presente, sin más.

Pero además a esto se añade el panorama desolador que les espera de nada que se paren a pensar… ¡Es bastante comprensible que busquen refugio en las drogas, el alcohol, que surjan estallidos de violencia como rechazo a una sociedad que los margina y excluye. Este verano hemos visto algunos de estos síntomas muy preocupantes. Por otra parte, en aquellos países  donde, según el informe PISA, los resultados son muy buenos, curiosamente el índice de suicidios entre los jóvenes es también más alto… Es realmente digno de pararse a pensar qué vamos a ofrecer  a los jóvenes… yo, en concreto, desde mi asignatura “maría”, tan ninguneada, intento dar al menos, motivos para la esperanza. Desde luego con medidas policiales no vamos a arreglar nada.

Se habla mucho de carencia de valores pero, más que en  los jóvenes, creo que es en la actuación de los adultos donde esta carencia es más grave y preocupante. En algún sitio leí que los jóvenes son  el rostro, sin careta, del mundo de los adultos.

Suelo recopilar artículos y entrevistas para usarlos luego en clase. Expongo a continuación un breve extracto de una entrevista  de Francesc Torralba que me pareció interesante  sobre la inteligencia espiritual:







La felicidad duradera, a diferencia del bienestar material, es un estado interior, y sólo podemos experimentarlo a través del cultivo de la inteligencia espiritual.



Que no existe un único tipo de inteligencia lo sabemos desde hace mucho. Sabemos que hay personas con una gran habilidad lógico-matemática y una reducida inteligencia lingüística, y otras con una inteligencia espacial muy desarrollada y una notable falta de habilidad emocional. ¿Y la inteligencia espiritual? Es la que nos permite transcender, crear y, en última instancia, ser felices de una manera profunda y duradera.




Francesc Torralba nos lo explica.




¿Qué es la inteligencia espiritual?




Francesc Torralba
: Es una modalidad de inteligencia que también se denomina existencial o trascendente. Completa el mapa de las inteligencias múltiples que desarrolló, hace más de dos decenios, Howard Gardner. Nos referimos a una inteligencia que nos faculta para preguntar por el sentido de la existencia, para tomar distancia de la realidad, para elaborar proyectos de vida, para trascender la materialidad, para interpretar símbolos y comprender sabidurías de vida. El ser humano es capaz de un conjunto de actividades que se no explican sin referirse a este tipo de inteligencia. Es especialmente cultivada en los grandes maestros espirituales, en los filósofos y artistas, también en los creadores.



el ser humano, ¿es un ser espiritual?




El ser humano es un ser que trasciende lo material. Es una unidad de cuerpo y alma. En sentido estricto, no “tenemos” un cuerpo. Más bien vivimos en él, nos expresamos en él, lo gozamos y lo padecemos. Tampoco “tenemos” un espíritu, como si fuera un objeto o una propiedad anexa. Hay en el ser humano algo que escapa a la racionalidad y a la materialidad, un destello de eternidad, un enigma.