El hoy no es más que el recuerdo del ayer y el mañana, el sueño de hoy.

domingo, 20 de febrero de 2011

PROYECTO DE DIOS PARA LA HUMANIDAD 1


Hace un tiempo, tuve  que preparar una síntesis bíblica con motivo de un curso que estaba haciendo. Como éste trabajo está ahí, muerto de risa, he decidido compartirlo por si a alguien le puede interesar y, sobre todo para enriquecerme yo, con las aportaciones o puntos de vista de ustedes sobre el tema. 

Todas las reflexiones han sido elaboradas a partir de lecturas y textos de diversas fuentes que ya ni recuerdo. "No hay nada nuevo bajo el sol", dice un versículo de la literatura bíblica sapiencial,  así es que no produzco nada nuevo sólo reproduzco e interpreto desde mi experiencia lo que ya existe.

Se trata de una lectura  teológica de textos bíblicos. Desde

este punto de vista, creo que, efectivamente, Dios ha

"soñado" grandes proyectos  y ha contado con nosotros para

llevarlos a su fin... y ésto creo que se nos cuenta de mil

maneras en la Biblia.

La cuestión que planteo es: ¿ existe un sentido de la historia, de la propia creación, aún por completar, y de la humanidad en su conjunto? o sencillamente no hay que buscarle ningún sentido, o no lo tiene, o es una necesidad nuestra que no tiene respuesta...  Tenemos explicaciones científicas sobre el origen del universo y de la tierra, aunque quedan enigmas por decubrir... sin embargo, a las  cuestiones existenciales la Biblia sí que puede aportarnos alguna luz.


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InformaT: 11 misterios del Universo: "Ciencia develan verdades cósmicas: ¿hay mundos paralelos? Difunden los 11 misterios del Universo Una lista elaborada por el expert..."
Dios nos prepara una Casa
En los dos primeros capítulos del Génesis, La Biblia nos muestra a un Dios que nos prepara una “casa”,  nos enseña que la tierra, es nuestro hogar, y que todo lo que en ella existe es por y para un ser especial, a quien ama, con quien puede dialogar y relacionarse y a quien  puede darse a conocer amistosamente: el ser humano. (Gn 2, 23: Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza el uno del otro)
La Biblia nos presenta en un bello poema sobre la creación (Gn 1), cómo todo cuanto existe (que el pueblo hebreo conocía) es puesto para el ser humano en sus manos, y que, como buen gestor, debe administrar. Todo,  en principio era bueno y la presencia del hombre y la mujer, muy bueno. 
También, otra versión, nos lo presenta como un jardinero que planta un huerto en Edén o como un alfarero dándole forma al barro, que recobra vida con su aliento... muchísimas imágenes y todas ellas muy sugerentes hacen de éstos relatos uno de los más bellos y ricos que existen en el texto sagrado. 
Pero ocurre que, este ser humano creado a “imagen y semejanza” de Dios y, por tanto libre incluso para rechazarle, comienza a ver  en Dios, no a un amigo, sino a un rival, con quien competir: “…Dios sabe que, si coméis… se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal… Se dieron cuenta entonces, “que estaban desnudos ante Dios”…, oyeron sus pasos… y se escondieron de su vista… (Gn 3,4ss). La confianza en Dios tenía sus límites y consideraron que aceptar la presencia de Dios, que se pasea por el jardín de “su casa”, va en contra de la propia autonomía del ser humano y le resta protagonismo. Le dan la espalda a Dios y, a partir de ese momento el ser humano se enfrenta con toda su “desnudez” a la crudeza de la realidad. Algo en él se rompe y obstaculiza su plena autorrealización. El triple nudo de relaciones que hasta ahora mantenía de forma pacífica consigo mismo, con los demás y con la naturaleza se deshace. La Biblia lo expresa con el lenguaje mitológico propio de la época y con el que se trataba estas cuestiones existenciales:  Adán y Eva (vida de la humanidad) entra en conflicto al no reconocer sus responsabilidades y echárselas a un tercero (la serpiente),  las guerras fratricidas quedan de manifiesto con el relato de Caín y Abel, y la relación con la naturaleza queda profundamente alterada,  descrito en el relato del Diluvio Universal.  (Gen 4-7).
En todos estos relatos el autor bíblico relee los acontecimientos de la vida y las grandes cuestiones existenciales en clave teológica. Así intenta responder al por qué de las guerras fratricidas, por qué las catástrofes naturales… viendo en ellas la consecuencia que tiene para el ser humano, el rechazo de Dios. Razón por la cual, la enfermedad, la pobreza y cualquier catástrofe es atribuida al descontento de Dios con el ser humano, es considerado un castigo de Dios. Es necesario, por tanto,  restablecer de nuevo una relación amistosa con él. Es necesario un pacto, un acuerdo con  Dios, una Alianza.
Comienza así la aventura del ser humano, en su búsqueda siempre de un “paraíso” perdido y se encuentra con la experiencia de una realidad vital que le produce angustia: el trabajo, el dolor, el sufrimiento y… en definitiva, la muerte. Encontramos así que, en todas las religiones, el paraíso, como quiera que se le llame y se le represente, expresa la necesidad y el deseo de ir más allá de la experiencia humana amenazada de finitud, dolor y muerte.
Y Dios vuelve a re-crear lo que había destruido por el agua, establece una alianza con Noé y bendice  a sus descendientes. Vuelve a repetir lo de:”creced, multiplicaos y llenad la tierra…” (Gen 9,1). Esta "nueva creación" comienza con los que salieron del Arca (los que se adhieren de nuevo libremente al plan de Dios y confían en su palabra), Noé y su familia con todos sus descendientes.  Y vuelta a empezar...


No puedo terminar sin hacer referencia al Evangelio que hoy proclama toda la Iglesia, esa ética de máximos que se nos propone: "Amar a los enemigos y rezar por quien os persigue" ( Mt 5, 38-48);... ¡¡parece de locos!!, pero las lecturas de hoy parecen darnos la clave: el otro es "Templo, donde habita el Espíritu de Dios" (1Cor 3,16-23). Creo que no cabe duda, que si éstas palabras las aplicáramos en nuestra vida, empezando por mí, algo de paraíso podríamos tener en ésta nuestra tierra...

viernes, 4 de febrero de 2011

Sal y luz

Serán «sal de la tierra» y «luz del mundo». ¿No es una pretensión ridícula? Jesús les explica cómo será posible. La sal no parece gran cosa, pero comienza a producir sus efectos, precisamente, cuando se mezcla con los alimentos y parece que ha desaparecido. Lo mismo sucede cuando se enciende una luz: sólo puede iluminar cuando la ponemos en medio de las tinieblas.


No nos está permitido servirnos de la Iglesia para satisfacer nuestros gustos y preferencias. Jesús la ha querido para ser sal y luz. Evangelizar no es combatir la secularización moderna con estrategias mundanas. Menos aún hacer de la Iglesia una "contra-sociedad". Sólo una Iglesia que vive el Evangelio puede responder al deseo original de Jesús.

José Antonio Pagola
6 de febrero de 2011
5 tiempo ordinario (A)
Mateo 5, 13-16

Sal y luz

miércoles, 2 de febrero de 2011

¡La incontenible marea del ciberespacio ha comenzado!, por Federico Mayor Zaragoza

 De la serie radiofónica  latinoamericana titulada, "Un tal Jesús" y a la que se puede acceder a través de servicioskoinonia.com he extraído éste texto de uno de los últimos capítulos de la serie que se titula "Fuego en la tierra". No sé por qué cuando he leído el artículo de Federico Mayor Zaragoza me he acordado de éste capítulo en concreto.  Además, estaba preocupada por un sueño que tuve ésta madrugada en el que veía como el mar se replegaba hacia dentro a gran velocidad preparándose un gran Tsunami del que no nos íbamos a poder librar los que estábamos en tierra, a pesar de que un muro nos separaba... viendo como el mar se llevaba a mi hijo menor me desperté y así he estado hoy inquieta, aunque mi hijo hoy se fué al Teide, algo indefinido me sigue preocupando... al leer a Mayor Zaragoza, he pensado que quizá el Tsunami sea algo más relacionado con cambios sociales o así y me he relajado un poco... ¡¡Total, que les envío el enlace junto con la última parte del capítulo, quizá a ustedes también les sugiera algo... 

DEL CAPÍTULO: "FUEGO EN LA TIERRA". Inspirado en Hechos 2, 1-41

La calle resultó estrecha, tanto que los guardias enviados por los sumos sacerdotes y los magistrados del Sanedrín, cuando llegaron y vie­ron aquella multitud no pudieron hacer nada contra nosotros. Aquella mañana de Pentecostés, las orejas de Jerusalén escucharon la buena noticia que hoy saben ya tantos y tantos hombres y mujeres en todo el mundo: que Jesús sigue vivo, que el asunto del Reino de Dios sigue adelante, que el fuego que Jesús vino a meter en la tierra no se ha apagado porque es Dios el que sopla la cande­la y quiere que todo se abrase.



 Anexo de dicho capítulo:

1. La Fiesta de Pentecostés (penta = 50) se celebra cincuenta días después de la Pascua. Se la llama también la Fiesta de la Recolec­ción o de las Primicias (de los «Shavuot»), pues se ofrecían a Dios los primeros frutos de la cosecha ya comenzada en todo el país. 0 la Fiesta de las Semanas, porque se celebraba siete se­manas después de la Pascua. Era una fiesta de gran alegría y de acción de gracias por la nueva cosecha. A su carácter, originariamente agrícola, se le unió la celebración de la Alianza del Sinaí. La tradición cristiana vincula a la  fiesta de las Primicias una especial experiencia de los discípulos de Jesús, que sintieron colectivamente la presencia de Jesús vivo en medio de ellos y compartieron esta experiencia con una multitud de peregrinos presentes en Jerusalén para la fiesta. A la experiencia de Pentecostés se estaría refiriendo Pablo cuando habla de una manifestación de Jesús resucitado «ante más de quinientos hermanos reunidos» (1 Corintios 15, 6).

2. Forasteros de todas partes llegaban a Jerusalén para las fiestas. Los extranjeros que estaban en Jerusalén en la mañana de la fiesta de Pentecostés, según consta en el libro de los Hechos de los Apóstoles, eran representantes de muchas de las naciones conocidas entonces. Partos: pueblo famoso en la doma de caballos, del reino de Partia, situado en el centro del actual Irán. Medos: del antiguo reino de Media, destruido 500 años antes de Jesús, situado en el norte del actual Irán. Elamitas: habitantes de la región de Elam, en donde se desarrolló una de las primeras culturas de la tierra, situada en la actual frontera entre Irán e Irak. Gente de las provincias romanas de Mesopotamia, región entre los ríos Tigris y Eufrates, en donde nació la civili­zación asiria y babilonia, situada en el actual Irak. De Capadocia, región montañosa situada en el centro de la actual Turquía. Del Ponto, región a orillas del Mar Negro, en el norte de la actual Turquía. De Asia Menor, gente de las regiones de Frigia, zona de pastores en donde surgió la leyenda del famoso rey Midas, en el centro de la actual Turquía. De Panfilia, algo más al sur, también en la actual Turquía. Habitantes de Egipto, localizado en el territorio actual de este país. De Libia, también como en la actualidad, en el norte de África. De Cirene, zona occidental de la actual Li­bia. De Roma, capital del imperio y hoy capital de Italia. Cretenses: de Creta, isla al sur de Grecia. Y árabes, habitantes del antiguo reino nabateo, comprendido en parte de la actual Jordania y del actual Egipto. De todos estos lugares acudían a Jerusalén, tanto los judíos de raza como los llamados prosélitos, que eran los extranjeros con­vertidos a la religión de Israel.

3. En la Biblia, tanto el viento como el fuego son símbolos de la actuación del Espíritu de Dios. Tanto uno como otro manifestaron la acción de Dios en la liberación de Israel de Egipto que narra el Éxodo: el viento que sopló sobre el Mar Rojo y abrió un camino de libertad (Éxodo 14, 21) y la columna de fuego que guió a los israelitas en sus noches por el desierto (Éxodo 13, 21-22). El evangelio de Lucas, al referirse a la intervención del Espíritu de Dios sobre los discípulos de Jesús en la fiesta de Pentecostés usó estos mismos símbolos: un viento recio que resonó en la casa y lenguas de fuego sobre la comunidad reunida.

4. Del Espíritu de Dios se habla en las primeras líneas de la Biblia (Génesis 1, 2) y se le presenta aleteando sobre las aguas, de donde nace toda vida. Espíritu en hebreo es «ruaj», una palabra del género femenino que significa literalmente «viento» y también «aliento». Cuan­do Dios creó al hombre y a la mujer les infundió este aliento en sus narices (Génesis 2, 7). Cuando sacó a su pueblo de Egipto hizo soplar con fuerza este viento sobre los enemigos (Éxodo 10, 13 y 19). El Espíritu aparece siempre en relación con la vida. Es el soplo pacífico o huracanado de Dios que suscita la vida, la pone en movimiento, la defiende, la fecunda. Cuando falta el Espíritu falta la vida (Salmo 104, 27-30).



Dice Mayor Zaragoza: 
 "Los explotados, los frustrados, los pobres y empobrecidos, los humillados pueden ahora hacerse oír y “ver”. Hasta hace poco el ámbito era local y las causas de las protestas eran también “locales”. Ahora son causas mundiales y el acoso intolerable de los mercados a la acción política se ha generalizado.
¡Qué fácil resulta hoy comprobar que los mismos que han provocado esta situación acusen a los líderes de los países afectados por la “marea”!. Será mejor que vayan tomando inmediatas decisiones correctoras, porque la movilización ciudadana, como incontenibles aguas altas –ojalá no sean tsunamis- ya no se detendrá." Les remito el enlace:

¡La incontenible marea del ciberespacio ha comenzado!, por Federico Mayor Zaragoza