El hoy no es más que el recuerdo del ayer y el mañana, el sueño de hoy.

martes, 10 de agosto de 2010

LA RELIGIÓN DEL MERCADO

LA RELIGIÓN DEL MERCADO





David Loy, en un artículo que provocó amplia discusión, ha argumentado con cuidado y elocuencia que la religión dominante, la más extendida en nuestro mundo contemporáneo, es la «Religión del Mercado». Especialmente en países desarrollados como Estados Unidos, Europa y Japón esta es la religión a la que pertenece la mayoría de la población, y es la que reclama sus compromisos religiosos fundamentales. Su devoción a la Religión del Mercado precede y modifica su devoción al cristianismo, al judaísmo o al budismo.


Para el creyente común, Religión del Mercado significa religión del consumismo. Uno practica su fe y encuentra su salvación consumiendo en los templos que son los «centros comerciales». Pero se trata de una liturgia y una adoración diarias, no limitadas al domingo, al sábado o al viernes.


Para los prelados y potentados de esta nueva religión, Religión del Mercado significa religión del «economicismo». Según John B. Cobb Jr., los devotos del «economicismo» ponen su fe total, absoluta (y podríamos añadir «ciega») en la creencia de que el crecimiento económico perseguido sin restricciones y sin la interferencia del gobierno, tanto por personas individuales como por naciones individuales, traerá la salvación al mundo entero. En palabras de Cobb:


"El economicismo es esa organización de la sociedad que intencionalmente está al servicio del crecimiento económico. Todos los demás valores, inclusive la soberanía nacional, se subordinan a este fin, con la sincera esperanza de que una prosperidad suficiente permitirá al mundo solucionar también sus necesidades no económicas».


Para la Religión del Mercado, que se basa en la fe incondicional en el economicismo, el ser humano es un ser económico (homo economicus), es decir, un ser «...que busca racionalmente obtener el mayor número posible de cosas con el menor trabajo posible. Sus relaciones con otros seres son de competencia» .


Esta Religión del Mercado tiene todos los rasgos que encontramos en las religiones tradicionales:


-Sus credos están hechos de la economía neoliberal del (Papa) Friedrich von Hayek y el (Ayatollah) Milton Friedman.


-Sus teólogos o ullama son los economistas (principalmente economistas occidentales).


-Sus misioneros son el vasto ejército de anunciantes que proclaman su mensaje de consumo en «comerciales» que llenan las trasmisiones de radio y televisión y en las carteleras que pueblan nuestras ciudades y paisajes.


-Sus centros de aprendizaje son los departamentos de economía de universidades norteamericanas y occidentales, y su tribunal es la Organización Mundial de Comercio.


-Esta religión tiene sus mandamientos, el primero de los cuales es: «No interferirás con el libre mercado». (O dicho en forma más tradicional: «el Libre Mercado es el Señor tu Dios; no tendrás dioses extraños delante de él»).


-Tiene una soteriología clara y absoluta: «Fuera del libre mercado no hay salvación». Aquellos que no estén «dentro» y no sean miembros de esta religión verdadera son considerados herejes o enemigos, a ser controlados o eliminados.






Diferencia fundamental entre las religiones y la religión del mercado


Hay una diferencia fundamental, que es una oposición fundamental, entre la ética de lo que Cobb llama «economicismo» (o fundamentalismo de mercado) y la ética de las religiones tradicionales. En formas asombrosamente diferentes, que sin embargo son también complementarias, las tradiciones abrahámicas (judaísmo, cristianismo, islam), las tradiciones asiáticas (hinduismo, budismo, confucionismo, taoísmo) y las religiones indígenas tienen un acuerdo básico de que cualquiera que sea el grado de unidad globalizada que pueda alcanzar la raza humana, esta unidad tiene que basarse en un equilibrio entre el interés por uno mismo y el interés por el otro.


La ética religiosa siempre es paradójica. En una diversidad de símbolos y con énfasis diferentes, todas las tradiciones religiosas dicen a la humanidad que, en forma paradójica y también prometedora, el interés por uno mismo equivale a interés por el otro. La intuición fundamental que está a la base de las religiones invita a las gentes a un cambio que les llenará de vida y de paz, yendo del interés por uno mismo al interés por el otro. Este «otro» siempre es diferente a uno mismo, o es más que la consciencia que uno tiene de sí mismo en el momento presente. Es el Otro con O mayúscula (la Fuente de Vida Interior de todos), y el otro con o minúscula: el prójimo de cada uno.


Así nos dice Jesús que sólo nos amaremos verdaderamente a nosotros mismos cuando amemos a nuestro prójimo. Mahoma nos advierte que al cuidar de nosotros mismos, al promover una sociedad buena, nunca podemos olvidar el cuidado de todos los otros, especialmente de los pobres y los abandonados. Para Buda experimentar la propia iluminación es sentir compasión por todo ser sensible. En la ética confuciana «para afirmarnos nosotros mismos debemos ayudar a que otros se afirmen; para que nosotros crezcamos hemos de ayudar a otros en su crecimiento».


Por tanto, ésta es la cuestión o el desafío que las religiones han de plantear a los promotores del libremercado. La comunidad religiosa debe preguntar a los economistas, a los políticos y a los presidentes corporativos: El interés por uno mismo que ustedes ensalzan ¿está equilibrado por el interés por el otro, está enraizado en él, es él quien lo guía? Ciertamente, no parece ser así. El principio conductor del sistema capitalista mundial, gobernado por el fundamentalismo de mercado, parece ser: «Si buscamos el interés por nosotros mismos también promoveremos el de otros». Eso, según las religiones, debe estar equilibrado por: «Si buscamos el interés de otros, también promoveremos el nuestro propio». Las religiones advierten: si no tenemos este equilibrio, si casamos el interés por nosotros mismos con el interés por el bienestar de otros, nos veremos en problemas. De hecho, ésa es la razón por la que el llamado libremercado globalizado no está respondiendo a la gran disparidad de la riqueza en nuestro mundo globalizado, o en realidad está siendo su causa.


Para ampliar información remitirse al documento del que fue extraído: www.servicioskoinonia.com


Diálogo interreligioso con la religión del mercado


Prólogo al volumen IVº de la serie «Por los muchos caminos de Dios»

(cfr.: http://latinoamericana.org/tiempoaxial)

Paul F. KNITTER

2 comentarios:

  1. Me ha gustado. Resulta bien cierto, será porque las emociones delos seres humanos no he cambiado nada, y como básicamente nos reconocemos a través de la materia que ingerimos, ahí lo tienes. Puritito materialismo, por eso los que al menos somos conscientes se nos indigestan tantas cosas. Me alegra mucho volver a leerte, se me acaba la conexión. Un abrazo.

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  2. MONICA, no se que hace este comentario en tu blog, porque ahora que vuelvo no le encuentro demasiado sentido. ¿Cosas de mi cocoloco, de blogger? Lo mismo da. Gracias por tanta información, me gusta mucho leerte. Y me hace gracia porque precisamente tengo programado un post no se bien para cuando donde escribo sobre la necesidad de tener un telescopio al lado y poder ver las cosas en perspectiva, ayuda a ponernos en nuestro sitio, y un microscopio también, para lo mismo. Pero claro, que te voy a contar que no sepas si compartimos el mismo lenguaje.
    Por cierto ya veo que estas lanzada, te ha quedado estupendo. Un abrazo.

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